Píldora #43 Los 2 motores que mantienen lúcido y con energía a un CEO mientras otros se queman 

Píldora #43

Los 2 motores que mantienen lúcido y con energía a un CEO mientras otros se queman

Va a morir.

Por sí sola, esta frase es un recordatorio urgente de que nuestro tiempo en la tierra es limitado y que vale la pena tomar acción cada día para tener una vida por diseño y no por defecto.

Pero si, además, te ves subido en una ambulancia y te ingresan en un hospital, la frase cobra mucha más relevancia. En mayo de este año tuve un susto cardíaco y, mientras tenía la pastilla de nitroglicerina debajo de la lengua y los sanitarios del 112 me colocaban los electrodos por todo el cuerpo, me vino una imagen que recordaré para siempre.

En medio de la urgencia entendí que puedes morir en un instante. Y ahí no pensé en los proyectos empresariales, los clientes o los bienes materiales. Únicamente pensé en mis dos hijos y en mi mujer, y en cómo mi salud podía preocuparlos o llegar a impactar negativamente en sus vidas.

La foto que acompaña a este artículo está tomada en el Mirador de Orellán, con Las Médulas de León al fondo, después de completar una ruta de senderismo por la mayor mina de oro del Imperio Romano.

Por mi camiseta parece una foto deportiva más, pero para mí tiene otro significado. Por un lado, es una foto de gratitud por poder respirar, caminar y mirar lejos. Y por otro, es una foto de retrospectiva que me recuerda algo primordial en los negocios:

ESCALAR UNA EMPRESA SÓLO MERECE LA PENA SI PERSONALMENTE MEJORAS DE FORMA SIMULTÁNEA TU TIEMPO, SALUD, MENTALIDAD, RELACIONES Y DINERO

Porque de nada sirve encontrar y explotar tu propia mina de oro en forma de empresa si por el camino pierdes la lucidez, la energía o la vida personal que querías disfrutar.

La mayoría de los directivos y empresarios ya se han acostumbrado a no priorizarse. Se han resignado a dirigir su empresa con el cerebro y el cuerpo por debajo de su capacidad real, sin darse cuenta de que tarde o temprano también la empresa pagará esta cara factura.

Un CEO imbatible no puede dirigir con lucidez y energía si su cuerpo y su cerebro están en números rojos. La salud no es un lujo opcional, es una responsabilidad personal de liderazgo.

Cuando trabajo con dueños de negocios a los que mentorizo, siempre insisto en que hay una secuencia correcta para hacer crecer un negocio en la buena dirección:

Primero, te enfocas en EL PILOTO: autogestión y diseño de tu plan de vida.
Segundo, te enfocas en EL EQUIPO: para tener las personas correctas ejecutando correctamente.
Tercero, solo entonces te enfocas en EL VEHÍCULO: una empresa autónoma alineada con tus intereses de vida y no al revés.

Y dentro de esa autogestión del CEO, después de la administración del tiempo viene el segundo pilar que muchos empresarios pasan por alto hasta que su cuerpo le manda un aviso serio: tener una vida más saludable, feliz y longeva.

Es cierto que el directivo y empresario medio vive sometido a estrés sostenido, insomnio, cansancio y sedentarismo, pero confía en que la edad y la fuerza de voluntad compensarán lo que el cerebro y el cuerpo lleva años reclamando a gritos.

Y funciona, te lo puedo asegurar. Hasta que de repente deja de funcionar.

Para analizar por qué algunos CEOs siguen lúcidos y con energía después de los 50, mientras otros se queman antes de los 45 años, y como quiero que esta píldora tenga base científica y no opiniones sueltas de gimnasio, he vuelto a mis notas clave sobre dos libros que me parecen interesantes en el área de salud para cualquier dueño de negocio:

«Neurociencia para la vida real», de Ana Ibáñez, neurocientífica española que entrena a profesionales y directivos en alto rendimiento y bienestar mental.
«Envejecer es opcional», del Dr. José Hernández Poveda, médico especialista en Neurocirugía especializado en medicina de longevidad.

Como punto de partida, tú y yo estaremos de acuerdo que tener salud es mejor que estar enfermo y que estar vivo es infinitamente mejor que estar muerto. Pero no se trata de vivir más por vivir más, sino de llegar lo más lejos posible en este viaje con una mente clara y un cuerpo que responda.

He visto el patrón muchas veces en mis mentorías a CEOs. El empresario que se quema antes de los 45 suele compartir un mismo perfil: no hay límites entre negocio y vida personal, tiene mucho ruido mental y vive instalado en un caos que termina generando agotamiento. El CEO que sigue lúcido y con energía después de los 50 es más disciplinado en su autogestión y tiene un Sistema de Dirección.

POR QUÉ TU CEREBRO ES EL PRIMER ACTIVO PERSONAL Y PROFESIONAL

 

Ana Ibáñez explica algo que todo CEO debería tatuarse en la mente: el cerebro se puede entrenar igual que un músculo. No es una entidad fija que simplemente funciona mejor o peor según el día. Es una estructura moldeable, capaz de reprogramar rutinas aprendidas que hoy te están saboteando sin que lo sepas: el estrés que no gestionas, el drama con el que reaccionas ante cualquier contratiempo, la ansiedad de fondo que confundes con un espíritu emprendedor.

Y aquí está la parte incómoda para cualquier CEO orgulloso de su capacidad de aguante: tomar peores decisiones no es un fallo de carácter. Es lo que le pasa a cualquier cerebro sometido a estrés crónico y falta de sueño, sin excepción. Tu inteligencia, tu intuición y tu capacidad de liderazgo no viven aislados de tu biología. Dependen directamente de ella.

Por eso, cuando un CEO me dice «es que yo rindo mejor bajo presión», normalmente lo que está describiendo no es una fortaleza, sino un cerebro que ha aprendido a operar en modo alerta permanente. Y ese modo, sostenido en el tiempo, no te hace más fuerte. Te desgasta la memoria de trabajo, el foco y la capacidad de tomar decisiones con perspectiva.

Como humanos, estamos formados por pequeños átomos, por tanto somos energía en continuo movimiento. Ibáñez afirma que “tu nivel energético condiciona casi todo: cómo respondes a una situación, cómo te relaciones con otros, cómo decides, a qué das importancia o incluso cómo te ves a ti mismo”.

POR QUÉ NO ACEPTAR CON RESIGNACIÓN LA ETAPA DE ENVEJECER MAL

 

La medicina tradicional actúa cuando a una persona le aparece un problema, pero la medicina moderna no puede esperar a que aparezcan los primeros síntomas de una enfermedad. Lo mejor es que ambas se complementan y son grandes aliadas de tu longevidad.

El Dr. Hernández Poveda plantea una idea que cambia por completo la conversación sobre la salud: envejecer no es un destino fijo que simplemente te ocurre. Es, en gran medida, un proceso que puedes ralentizar controlando un puñado de factores biológicos, biomarcadores y modelos predictivos con la ayuda de la inteligencia artificial.

Y esto no es solo una idea inspiradora, tiene también respaldo institucional: en su clasificación de enfermedades, la OMS llegó a incluir un código para el envejecimiento, definiéndolo como el resultado de procesos que provocan una pérdida de adaptación del organismo. Esto es un primer paso para tratar el envejecimiento como una condición médica sobre la que se puede intervenir, y no como un destino inevitable.

Por tanto, si la ciencia nos está demostrando que envejecer mal es inevitable, la pregunta no es solo: «¿cuánto voy a vivir?», sino «¿cómo quiero vivir los próximos treinta años, y qué voy a hacer hoy para conseguirlo?».

Para un empresario, esa pregunta tiene una segunda lectura brutal: ¿cuántos años más quieres liderar tu vida y tu negocio con energía real, y qué estás haciendo hoy para que eso sea posible mañana?

Porque la longevidad no depende solo de la genética. Depende de decisiones diarias: cómo duermes, cómo te mueves, qué comes y qué suplementos naturales tomas cuando tu propia alimentación no llega a cubrir lo que tu cuerpo necesita para sostener el ritmo que le exiges.

LOS DOS MOTORES PARA LONGEVIDAD DEL CEO

 

Uniendo los dos conceptos anteriores sobre salud, he llegado al siguiente marco que ahora comparto: todo dueño de negocio tiene dos motores que debe mantener a punto, y descuidar cualquiera de los dos termina pasando factura al otro.

Motor 1: la mente.

 

Aquí entra todo lo que reduce tu carga de estrés crónico y protege tu foco: pausas reales durante el día, técnicas de respiración o desconexión antes de decisiones importantes, y sobre todo, dejar de confundir estar ocupado con estar rindiendo.

Un cerebro que nunca se recupera no tarda en tomar peores decisiones, aunque el CEO siga sin notarlo.

Conozco a varios dueños de negocios que presumen de responder email después las 22:00 horas y lo cuentan como un signo de compromiso con su equipo y clientes, cuando en realidad es un signo de que su motor mental nunca llega a apagarse del todo.

Y este motor fallará en el peor momento posible: en una negociación importante, en la decisión de contratar o despedir a alguien, en una conversación compleja o en el desarrollo de un nuevo proyecto.

Motor 2: la biología.

 

Aquí entran los buenos hábitos, el ejercicio y la alimentación (incluida la suplementación natural): dormir las horas suficientes con constancia, moverte todos los días aunque sea poco, y revisar con criterio médico si tu alimentación actual cubre lo que tu cuerpo necesita para sostener el nivel de exigencia al que lo sometes.

Cuando somos jóvenes, la biología juega a nuestro favor y de forma automática crecemos. Pero en la edad adulta la biología empieza a jugar en contra y tenemos que esforzarnos manualmente para no decrecer. A partir de ese momento, tu salud depende de tus decisiones y no de tus genes.

Ningún CEO arregla su motor cerebral leyendo un libro de productividad, ni arregla su motor biológico con fuerza de voluntad los fines de semana. Se arreglan con hábitos sostenidos, revisados con la misma disciplina con la que revisas la cuenta de resultados de tu empresa.

AUDITA TUS DOS MOTORES

 

Tanto la temporada de la vuelta al cole en septiembre como la de inicio de año en enero son dos fechas habituales para hacernos una prueba de mantenimiento programado.

Por eso, te propongo un ejercicio sencillo, el mismo que ya han hecho otros empresarios. Coge un papel y responde con honestidad a estas cuatro preguntas:

¿Cuántas horas duermes de media, y son horas de sueño real o solo de estar en la cama con el móvil?

¿Cuántos días a la semana te mueves de forma intencional, sin contar subir escaleras o andar entre reuniones?

¿Sabes, con datos reales y no con intuición, si tu alimentación y tus niveles básicos de salud están donde deberían estar?

¿Tienes algún momento del día dedicado exclusivamente a ti, para recargarte?

Si has respondido con inseguridad a más de dos de estas preguntas, no tienes un problema de disciplina. Tienes un punto ciego en tu autogestión, y es momento de dejar de tratarlo como algo secundario.

Como punto de partida, no necesitas revolucionar tu vida esta semana. Necesitas un mínimo no negociable: siete u ocho horas de sueño, veinte o treinta minutos de movimiento diario (reducen hasta un 20% de empezar a tomar antidepresivos o ansiolíticos) y comidas con productos reales sin pantallas delante.

Estos pequeños hábitos sostenidos en el tiempo representan más del 80% de los beneficios para tener una vida más saludable y longeva. Conseguir el otro 20% de rendimiento avanzado requiere invertir más tiempo, dinero y criterio, porque en la industria de la salud también existe mucho ruido.

Empezaría por aquí. Agenda tiempo para estas tres acciones básicas porque saber que esos momentos están reservados facilita la concentración cuando toca trabajar.

Y diviértete sin culpa. No esperes a viajar a un destino exótico al otro lado del mundo o alojarte en un hotel de lujo para poder desconectar, cambiar el ritmo y regalarte tiempo de calidad. Basta con salir a caminar por la naturaleza, tener un desayuno o comida en un lugar especial y vivir experiencias que permanezcan en la memoria.

Conclusión: la salud es la base de tu crecimiento empresarial

 

De nada sirve ser brillante profesionalmente y tener una empresa si tus relaciones, tu cerebro y tu cuerpo se deterioran con el paso de los años.

Muchos empresarios posponen su salud para «cuando la empresa esté en mejor momento», como si la mente y el cuerpo pudieran esperar pacientemente a que el negocio les dé permiso. Pero ni la mente ni el cuerpo negocian plazos con tu agenda.

UN CEO QUE DESCUIDA SU CEREBRO Y SU CUERPO NO ESTÁ SIENDO EFICIENTE, ESTÁ APLAZANDO EL PAGO DE UNA FACTURA QUE SIEMPRE LLEGA CON INTERESES.

¿Cuál de tus dos motores llevas más tiempo ignorando?
¿Qué decisión reciente habría sido distinta con más horas de sueño y menos estrés detrás?
¿Qué estás dispuesto a instalar esta semana en tu rutina, no dentro de meses?

La respuesta a estas preguntas no cambiará tu empresa mañana de repente. Pero sí determinará con qué lucidez y energía la vas a dirigir dentro de unos años.

Qué debes hacer ahora

En tu siguiente paso descubrirás como hacer crecer tu negocio con Socios de Crecimiento y el beneficio win-win:


Acceder ahora