Píldora #41
El efecto Dorito: tu empresa tiene mucho sabor, pero poco nutriente.
La Copa Mundial de la FIFA 2026 pasará a la historia del fútbol por ser la edición con más selecciones participantes, con mayor asistencia de público y con más países anfitriones.
Podrías pensar que llegué a la conclusión de este artículo viendo partidos de la selección mientras bebía cerveza y comía snacks del patrocinador oficial. Al fin y al cabo, ya lo decía aquel icónico eslogan de otra marca de patatas: “cuando haces pop, ya no hay stop”. Una frase perfecta para explicar cómo algunos sabores están diseñados para que sigas queriendo más.
Pero no, llegué haciendo networking profesional.
La semana pasada un grupo de directivos y empresarios visitamos una magnífica fábrica que produce ingredientes en polvo para productos alimenticios. La empresa, con factorías en México, Colombia e India, es propiedad de un danés afincado en Murcia y, durante la conversación, su fundador y CEO mencionó un libro interesante: El Efecto Dorito, de Mark Schatzker.
Este libro plantea una idea incómoda: durante miles de años, el sabor fue una señal de nutrición. Si algo sabía bien en la naturaleza, normalmente era porque contenía algo que el cuerpo necesitaba. Sin embargo, la industria alimentaria rompió esa relación: aprendieron a fabricar sabores intensos para alimentos que, en realidad, nutren poco.
Y entonces pensé, a muchas empresas les pasa exactamente lo mismo. Tienen mucho sabor por fuera: una marca atractiva, una buena web, presencia en redes, una estrategia aparentemente clara y mucho movimiento. Pero cuando miras un poco por dentro, faltan nutrientes esenciales: poca autonomía del equipo, poco foco en la ejecución, poca liquidez y poca paz mental para el CEO.
HAY EMPRESAS CON MUCHO SABOR A ÉXITO, PERO CON POCO NUTRIENTE DE NEGOCIO EXITOSO
Aunque esta píldora para un CEO imbatible no va de comida, sino de diseño empresarial, comparto antes un breve resumen del libro por si te interesa conocer el origen de la idea. Si ahora no te interesa la parte del libro, puedes saltar directamente a la sección El Efecto Dorito en tu Pyme. Ahí descubrirás si tu empresa está realmente nutrida o si solo tiene mucho sabor por fuera.
LAS 3 PRINCIPALES IDEAS DEL LIBRO: EL EFECTO DORITO
Mark Schatzker sostiene que hemos creado un mundo donde los alimentos reales saben cada vez menos y los alimentos artificiales saben cada vez más. Esa es la esencia del llamado “Efecto Dorito”: comida cada vez más insípida compensada con una tecnología del sabor cada vez más poderosa.
El gran problema de la alimentación actual no sería solo el exceso de grasa, azúcar o carbohidratos, sino algo mucho más profundo: la separación entre sabor y nutrición. Durante siglos, el sabor fue una señal biológica, lo sabroso indicaba la presencia de nutrientes. Sin embargo, la agricultura industrial ha producido alimentos reales más grandes, más baratos y más resistentes, pero también menos sabrosos.
Al mismo tiempo, la industria alimentaria ha aprendido a crear sabores intensos en productos pobres nutricionalmente. Esa ruptura confunde al cuerpo y nos empuja a comer mucho más:
1. No comemos solo por hambre, sino por deseo.
El apetito no es una simple cuestión de voluntad. El sabor activa deseo, memoria, recompensa y expectativa. Por eso los alimentos extremadamente apetecibles son tan poderosos: ofrecen señales intensas, rápidas y repetibles.
¿Por qué algo nos resulta irresistible aunque sepamos que no nos conviene? Porque el sistema que conecta sabor, deseo y nutrición ha sido manipulado. Los sabores artificiales prometen placer y alimento, pero muchas veces entregan comida pobre. Como resume Mark Schatzker: “Comemos por una razón: porque amamos el sabor de la comida.”
2. La industria del sabor llena un vacío.
Mientras muchos alimentos reales han ido perdiendo sabor por la selección orientada a crecer más rápido, durar más y costar menos, la tecnología alimentaria ha aprendido a recrear ese sabor artificialmente.
El sabor a pollo, queso, jamón, fresa o barbacoa puede añadirse a productos ultraprocesados que no contienen los nutrientes de esos alimentos. Ahí está el verdadero engaño: el cuerpo recibe una señal sensorial prometedora, pero no recibe la nutrición asociada. Y cuando la promesa no se cumple, suele aparecer el deseo de seguir comiendo.
3. Recupera el sabor de toda la vida
La solución no pasa por tener una dieta triste, restrictiva o moralista. Al contrario: la clave está en recuperar el sabor auténtico.
Comer mejor no significa renunciar al placer, sino buscar alimentos cuyo sabor venga de su propia calidad. Alimentos que no necesiten disfrazarse, maquillarse o exagerarse para resultar atractivos.
En resumen, cuanto más sabor real tenga un alimento, menos maquillaje industrial necesita.
EL EFECTO DORITO EN TU PYME
Y aquí es donde el libro dejó de hablarme de comida y empezó a hablarme de empresas. Porque muchas pymes también han separado el sabor del nutriente.
Tienen mucho sabor cuando la ves por fuera, pero cuando el CEO te abre la puerta y conoces cómo funciona la operativa el día a día, rápidamente detectas que faltan algunos nutrientes esenciales: Falta un Sistema de Dirección, falta autonomía del equipo, falta claridad estratégica, falta foco en la ejecución, falta energía y falta tiempo para que el CEO pueda pensar.
La pregunta es sencilla: ¿Tu empresa está creciendo de verdad o solo sabe a crecimiento?
1. Las pymes no solo crecen por hambre de negocio; muchas veces crecen por deseo.
Igual que no comemos solo por hambre, una pyme tampoco crece siempre por necesidad estratégica. A veces crece por deseo. Deseo de parecer más grande. Deseo de abrir nuevas líneas de negocio. Deseo de no perderse ninguna oportunidad. Deseo de volver en septiembre con quince nuevos frentes y la sensación de que todo es importante.
Y ese deseo, mal gestionado, puede ser tan peligroso como el hambre desordenada. Porque lleva a llenar la empresa de proyectos que generan trabajo, pero no rentabilidad. Clientes que dan volumen, pero consumen demasiados recursos. Reuniones que dan sensación de importancia, pero no generan avance real. Ideas que aparentemente ilusionan, pero dispersan.
El CEO en una etapa inmadura se pregunta: “¿Cómo podemos hacerlo?”; El CEO en una etapa madura se pregunta: “¿Esto nos nutre de verdad o solo es una ambición más?”.
Porque no toda oportunidad alimenta el negocio de forma real. No todo cliente mejora la empresa. No toda venta merece ser perseguida. No toda expansión es crecimiento sano. Y no todo movimiento es progreso. Y no todo lo que parece deseo es estrategia. A veces es ansiedad vestida de plan.
Por eso, antes de abrir más cosas, una pyme necesita hacerse primero una pregunta incómoda: ¿Qué tengo que cerrar antes de seguir creciendo?
Cerrar un proyecto que distrae. Cerrar un cliente que rompe los márgenes. Cerrar una conversación pendiente con un colaborador o socio. Cerrar un proceso interno que ya no funciona. Cerrar una actividad que lleva meses consumiendo energía sin devolver resultados visibles. Porque cerrar también es liderar.
Y muchas veces uno de los nutrientes de una pyme no está en abrir más, sino en elegir mejor.
2. La industria del “sabor empresarial” también llena un vacío.
En la alimentación, la industria del sabor compensa la pérdida de sabor real con aromas, potenciadores y estímulos artificiales. En la empresa ocurre algo parecido.
Cuando falta estrategia real, se maquilla con más presentaciones. Cuando falta foco, se maquilla con actividad. Cuando falta liderazgo, se maquilla con reuniones. Cuando falta cultura, se maquilla con frases en la pared. Cuando falta margen, se maquilla con facturación. Cuando falta propuesta de valor, se maquilla con más marketing. Cuando falta ejecución, se maquilla con planes. Y durante un tiempo puede funcionar.
Desde fuera, la empresa parece sabrosa. Se ve activa, ambiciosa y en movimiento. Pero por dentro, el CEO sabe la verdad: demasiadas decisiones pasan por él, demasiados proyectos están a medias, demasiada caja depende del próximo cobro, demasiadas personas esperan instrucciones o validación y demasiadas urgencias ocupan el lugar de la estrategia.
En definitiva, demasiadas cosas funcionan no porque exista un Sistema de Dirección, sino porque el CEO está encima. Y ahí aparece la gran diferencia. Lo que parecía sistema era presencia. Lo que parecía autonomía era supervisión. Lo que parecía equipo era un grupo de personas esperando criterio. Lo que parecía orden era simplemente que tú estabas tapando agujeros.
El maquillaje empresarial puede atraer atención. Pero no sostiene una pyme a largo plazo. Lo que de verdad sostiene una pyme son los nutrientes menos vistosos, pero mucho más importantes: un Sistema de Dirección, personas correctas, estrategia clara, liquidez para crecer y disciplina de ejecución.
Porque una empresa no se ordena sola. Y septiembre no arregla el desorden que vienes arrastrando. Septiembre lo acelera. Si antes del verano había confusión, en septiembre vuelve más fuerte. Si antes del verano todo pasaba por ti, en septiembre seguirá pasando por ti. Si antes del verano el equipo no tenía prioridades claras, en septiembre no aparecerán por arte de magia.
Por eso, en verano, el trabajo del CEO no es volver con más fuerza. Es volver con menos ruido y más claridad.
3. Recuperar el sabor real de tu pyme.
La solución no es construir una empresa aburrida, gris o invisible en el mercado. Una pyme sana también necesita sabor. Necesita una marca atractiva, una propuesta clara, una comunicación potente, una experiencia de cliente memorable y una forma de vender que genere deseo.
Pero ese sabor debe venir de dentro. Debe nacer de una empresa que realmente cumple lo que promete. De un equipo que sabe decidir. De unos clientes bien elegidos. De unos procesos que no dependen siempre del fundador. De una cuenta de resultados que no se sostiene solo por volumen, sino por margen. De una agenda que deja espacio para liderar, no solo para apagar fuegos.
Recuperar el sabor real de una pyme significa volver a lo esencial. Vender mejor, no solo vender más. Crecer con más foco, no solo crecer más rápido. Tener mejores clientes, no solo más clientes. Construir equipo, no solo contratar gente. Crear margen, no solo facturación. Ganar libertad, no solo tamaño.
Y diseñar una empresa que no necesite permanentemente al CEO para seguir funcionando con normalidad. Porque descansar no es solo irte unos días. Descansar también se diseña. Y una pyme nutritiva se nota precisamente ahí: cuando el empresario puede tomar distancia sin que todo se tambalee.
Cuando el equipo sabe qué decir. Cuando las prioridades están claras. Cuando los procesos sostienen la operación. Cuando la agenda del CEO no está ocupada únicamente por urgencias.
Una pyme sana no es la que más ruido hace. Es la que alimenta bien a todos los que dependen de ella: al cliente, al equipo, al negocio y también al empresario que la lidera.
Porque hay empresas que crecen, pero encogen tu vida. Y hay empresas que, además de crecer, te dan beneficios, libertad y vida personal.
Conclusión: El buen crecimiento no solo sabe bien, alimenta tu libertad
El efecto Dorito nos recuerda algo muy simple: no todo lo que sabe bien alimenta. Y como hemos visto, en la empresa ocurre algo muy parecido.
Durante el resto del año, muchas pymes pueden camuflar su falta de nutrientes detrás de jornadas ajetreadas: reuniones, llamadas, cierres, entregas, incidencias y decisiones. Pero cuando llega el verano y alguien del equipo se marcha de vacaciones, un cliente pide algo fuera de lo previsto o por ejemplo el CEO intenta desconectar unos días, aparece la realidad.
Lo que parecía sistema era dependencia. Lo que parecía equipo era supervisión. Lo que parecía foco era inercia. Lo que parecía crecimiento era acumulación. Y lo que parecía una empresa sana quizá solo tenía mucho sabor por fuera.
EL RETO NO ES RESTARLE SABOR A TU PYME, EL RETO ES RECUPEAR EL SABOR ORIGINAL CON NUTRIENTES REALES.
Ese sabor que nace del propósito, de una estrategia clara y poderosa, de un equipo autónomo, del efectivo necesario y de las acciones audaces para acelerar el crecimiento sin caos ni agotamiento. En resumen, de un Sistema de Dirección que entrega más libertad al CEO para tener energía, mentalidad y tiempo para pensar y diseñar la empresa del futuro.
Así que no esperes a septiembre para descubrir que tu empresa solo tenía sabor. Usa este verano como una señal para encontrar los nutrientes que faltan y avanzar en la buena dirección.
Porque septiembre no se improvisa.
Septiembre se diseña.
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